A ella la llamaban amor. Así comenzaba un entretenido libro de lectura. Una niña que cumplió los nueve años hacía dos meses decidió leer un libro. Se guió por su instinto, y de forma casi impulsiva, se dirigió a su biblioteca personal y escogió, con los ojos cerrados pero con estrecha firmeza, un libro de aquella recopilación literaria.
Vestida de blanco y con los pies descalzos salió al jardín. Se tumbó bajo los rayos de sol y dejó que el tiempo se prolongara en el espacio. Mientras desarrollaba aquella lectura crecía la ansia por seguir desnudando su interior trocito a trocito. Pasaba cada página como si fuera la última vez que podría apreciarlas. Por ello se centró en el argumento de la historia, se dejó llevar por la situación y dejó todo en manos de la espontaneidad. Todo fluyó con aparente normalidad. La niña vestida de blanco continuaba tumbada en aquel césped que crecía. Cuando despertó y abrió los ojos vio que estaba fuera de aquella historia y había vuelto a otro mundo. Sin embargo añoraba aquella fantasiosa historia que tanto entretenimiento le había producido. Por ello, se introdujo nuevamente en la historia literaria. Conoció a Melisa, un personaje que luchaba por conseguir aquello que tanto quería. Sin embargo, siempre terminaba con la misma sensación: insatisfacción. Aquella chica que se sentía incompleta maduraba día a día. Era notable. Su madre vivió con ella durante el desarrollo de su vida y la acompañó. Al igual que otros familiares, siguieron su trayectoria. La niña se sentía diferente, pero no excluída del mundo. Sabía que un día iba a dar con la persona y el momento adecuado. Por ello, fue ascendiendo una escalera de indeterminados escalones. El principio fue muy duro porque no comprendía el por qué de aquella injusticia. Su vida se resume en la suma de muchas otras. Se trata de vidas cruzadas que componen las notas musicales, en definitiva, su personalidad. Carismática y risueña, hace sentir cómoda a la gente. Sin embargo, parecía que no lograba lo mismo a cambio. Lo que ofrecía no se veía recompensado. Hasta que un día, por sorpresa, se le apareció ante sus verdes ojos un regalo que guardaba algo en su interior. Era, concretamente, una caja de dimensiones grandes. ¿Sería aquella caja la que le aportaría los pedacitos de ilusión que le faltaban o contendría la colección de muñecas que tanto deseaba? Pues bien, en cuanto abrió la caja se encontró con una sorpresa. Es decir, una sorpresa dentro de otra y en ésta se hallaba una simple cartulina de color en la que se plasmaba un mensaje indirecto pero que tendría repecursión directa. Lo cogió con sus manos para acercarlo a la vista. Apreció que su rugosidad era semejante a los pergaminos de Madrid. Aquel abstracto mensaje decía algo así: "Busca tus alas y emprende tu vuelo hacia el lugar que te corresponde". La niña confusa, tenía diapositivas de imágenes que pasaban por su cabeza: la vivencia en Santorini. Recordaba aquellas tardes sentadita en el muelle mientras escuchaba el sonido de las gaviotas. Los pescadores se aproximaban a la costa por medio de humildes barcas. Los vecinos abrían las ventanas día a día para que el sol mediterráneo estuviese en el interior de sus casas. Pues bien, Santorini fue siempre el lugar de los recuerdos, los cuales estaban en el interior de un baúl personalizado. Sin embargo, aquella llave afortunada que abría el mismo estaba en esas aguas cristalinas y transparentes.
A la niña se le removían las tripitas cada instante que rememoraba la vivencia de Santorini. Se preguntó en más de una ocasión si ese lugar al que debía volver era Santorini. La incertidumbre fue un ingrediente que siempre estaba presente. No se trataba de inseguridad ni de indecisión, sino de indeterminación. Ella podría emprender su vuelo hacia ese destino pero no nunca averiguaría previamente si está haciendo un viaje equivocado o acertado. Sin embargo, se guió por su corazón, aquel órgano que recibe ese nombre, el cual también tiene esa sensación incompleta, pues no es un simple órgano destinado a una función de naturaleza vital. Sino, hay sentimientos, emociones, sensibilidad, memorias... en definitiva, amor. Por ello, la humilde chica se guió por el silencioso consejo del corazón y se vio en apenas pocas horas en Santorini. Ella no sabía que iba a nacer una sonrisa al comienzo de su estancia... pero también desconocía que esa felicidad iba a perdurar hasta la eternidad pues su alma se correspondía con ese lugar con total exactitud. Era la combinación perfecta. Encajaron a la perfección. Allí conoció a su amor, formó su familia y murió en aquel mismo lugar.
La niña del vestido blanco empezó a comprender preguntas que un día se planteó desde que su infacia. Esa constatación hizo que apreciara la importancia de la noción del tiempo, así como su sabiduría pues siempre aporta las respuestas a nuestras inquietudes. Y si somos precisos, siempre en el momento justo. Aquel instante fue clave para el inicio de la comprensión de la diferencia entre lo que se podía elevar y desvalorizar. Esa escala ascendente dió fuerza para subir los peldaños de la escalera de la vida. La cual comienza desde la vida terrena pero desemboca en el mismo fin, la muerte. Todo en esta vida tiene sentido, de princpio a fin. El fin será el principio.
Esa deducción, aparentemente sencilla y fácil, es difícil de adquirir. Siempre gracias a la compenetración entre experiencia y corazón. Cuya suma es la fórmula perfecta que da como resultado a la vida. La plenitud de la misma se logra siempre y cuando seas tú mismo. Por ello, hablando de ejemplos, la niña de los pies descalzos obtuvo una enseñanza gracias a la aportación de la lectura. Pues bien, hoy puedo decir con total sinceridad y firmeza que la protagonista de la imagen aporta grandes cosas llamadas valores y de una manera humilde: sincera y generosa.
Sin lugar a dudas, es un claro ejemplo de la persona como tal, como ser humano en su vertiente humanitaria. Siempre se presta voluntaria sin esperar nada a cambio. Pese a algunos aprovechados, siempre obtendrás tu recompensa. Por y para ello, te recuerdo la peculiar intervención del tiempo en nuestra vida. No es tarde, sino oportuno.
Gracias por ser como eres. Contigo mis acordes suenan con sentido. Las letras se cargan de significado. Las risas exaltan a las lágrimas y éstas salen para vivir la felicidad que desprendes. Las flores nacen con colores vivos y vistosos. El rojo pasión se incrementa y las fuerzas anteriormente opuestas se unen.
No sé cómo lo haces pero tienes un don para que la gente se sienta cómoda al estar contigo. Gracias por todo, de verdad. Te recuerdo y afirmo que me tienes para lo que necesites. Eres una gran persona. No cambies para nada. Me tienes para todo aquello que necesites. Cuídate mucho pequeña, que también me gustaría cuidar de ti. Eres increible. Te agradezco todo lo que me has ofrecido y regalado. Me gustas. Te quiero guapa.
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