Bienvenido

Recuerda que para estar cómodo aquí es necesario que te quites los zapatos y te desnudes para comprender como alma lo que dice la mía.

Que estés sin nada no implica que caigas en el nihilismo. Puedes ser y eres más fuerte. Demuéstralo.

sábado, 17 de abril de 2010

Te invito, acomódate.


Te invito a que entres a esta habitación. En su exterior desconoces todo contenido de ella pero para su conocimiento te ofrezco, a través de mi mano sincera, que confíes en mi. Te aseguro que no te arrepentirás. No obstante, ya sabes la condición previa. Agárrame bien la mano y no te sueltes. No estés inseguro e indeciso. Valora qué tienes delante. Tienes la voluntad de una persona que quiere ser para ti y no desea hacerte daño. Por eso mismo, deja atrás el dolor de antaño y adéntrate en la realidad que tienes ahora. Abandona los sueños rotos, las decepciones dolorosas y las pérdidas desorientadoras del pasado para que puedas vivir hoy conmigo. Recuerda que este escrito está promulgado en presente y quiero que te sirvan todas tus experiencias para adquirir más fortaleza. Por ello, esa madurez que has conseguido con el tiempo a través de tus vivencias, quiero que se vea reflejada cogiéndome la mano para sumar nuestras voluntades. Te aseguro que en esta habitación vas a estar cómodo. Quizá no hay nada dentro de ella. Pero lo material se subordina a lo espiritual. Con nosotros dos es suficiente. Es más, si quieres con el paso del tiempo podemos hacer de una simple habitación un renacentista rincón decorando sus muros, pintando sus paredes, ornamentando con brillantes muebles y deslumbrar, así, nuestra atención. Podremos hacer miles de fotografías en la que cada una de ellas veamos algo especial.

En estas líneas no he mencionado nada de nuestro alrededor, quizá porque lo importante de esto somos tú y yo, quizá porque tus experiencias y las mías nos han enseñado a desoír comentarios hirientes, quizá porque la ignorancia intencionada no es tan grave, símbolo de falta de masificación.

Así que, como conclusión, te invito a esta habitación para acompañarme y hacerte, así, una agradable compañía. ¿Te has decidido ya? ¡Ah! y, por último, dejo esta palabra: reciprocidad.

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Jamás olvides ser fiel a tus ideas, no te conformes con la oferta política actual, no seas sujeto tratado como objeto de manipulación a cambio de un voto interesado bajo un estado de resignación forzosa. Si no te sientes representado, no lo aceptes, muévete y lucha por cambiarlo porque no estás sólo.