A través del espejo se refleja una imagen clara e inigualable: tú. No trates de cambiar sus colores, su contorno, sus rasgos porque la imagen que deseas es incambiable. Puedes transformar la imagen en tu cerebro pero al fin y al cabo haces uso de la imaginación, hermanada con la fantasía. Si quieres que ese reflejo cambie con esa vehemencia parte de la aceptación de la misma ya que el resultado final, una vez asimilada, será una brillante sonrisa y unos ojos que miran con perspicacia todos los elementos que integran el conjunto.
Una vez aceptada la parte tangible para la visión, adéntrate hasta su interior. Pregúntale al reflejo quién es esa persona que se asoma a tu vista y por qué está frente a ti. Si la imagen no penetra en ti espontáneamente, introdúcete en ella. Descubrirás un nuevo mundo: emociones, vivencias, preguntas, huellas, experiencias, inquietudes, amor, suplicios, entre otros... Si deseas familiarizarte con la representación y hacer de tu percepción una realidad, solo debes aceptar cada componente del sistema. Así terminarás dando en la famosa frase: "el espejo es el reflejo del alma".
No busques los complejos porque no hay nada absoluto en este mundo tan relativo e imperfecto. Lo que es positivo para uno, para otros será intolerable. Realmente hay una verdad absoluta de las que derivan las restantes, pero hay que saber captarla. Por eso mismo debes seguir tu camino, abierto y franco, y tu verdad ante todo. Si quieres verte en un espejo bonito y hermoso necesitas unos ojos que ayuden a conseguirlo. No es tan difícil. En numerosas ocasiones hay que evitar las comparaciones y los comentarios de los demás, porque por eso el verdadero ser humano posee dos rasgos fundamentales: inteligencia y personalidad. Y si es así, demuéstralo.
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